jueves, 3 de mayo de 2012

Fragmento 3# -ESLAVED- Eternal Guardians - Elisabeth Naughton

Aquí os dejo un nuevo fragmento del libro de Gryphon que su autora ha colgado en su Facebook después de realizar la última revisión del manuscrito.

No sé vosotras, pero yo estoy deseando tener el libro en mis manos...





—¿Qué piensas de Skyla? —le preguntó Maelea, mirándole a través de la pequeña mesa.
—No pienso en ella.
—No, quiero decir por Orpheus. Debe haber sido un shock saber que se ha enamorado de una de las sirenas de Zeus.
Gryphon levantó la mirada… por fin. Y dioses, esos ojos eran cautivadores.
—¿Siempre haces tantas preguntas?
—Depende de la situación. Normalmente no estoy alrededor de mucha gente, así que me contengo. Pero desde que me estás obligando a quedarme contigo, no tiene sentido el que nos ignoremos el uno al otro, ¿no?
El se la quedó mirando con esos perforantes ojos azul brillante durante tanto tiempo, que estaba segura que iba a gritarle que se fuera a la mierda. Entonces bajo la mirada a su hamburguesa y continuo comiendo. Pero antes de que lo hiciera, añadió.
—Mientras que él sea feliz, no me importa.
El comentario la sorprendió. Había amor. Pero entonces, tenía que serlo, si Orpheus había accedido a ir al Inframundo _otra vez_ para rescatar a Gryphon. Por primera vez, se preguntó cómo habría sido Gryphon antes de que fuese enviado a Hades. Recordaba a las mujeres de la colonia murmurando que él era un mujeriego. Perseguido incluso por las mujeres Argoleans. Ella podía ver el por qué, con su aspecto. Pero su humor debía haber sido mucho mejor entonces. No podía imaginarse a un puñado de mujeres lanzándose sobre él si hubiese sido tan oscuro y meditabundo como lo era ahora.
Bajando la mirada, cogió una patata frita.
—¿Lo conocías? ¿A Orpheus? ¿Sabías que era el hijo reencarnado de Perseo?
—No —dijo él, tragándose un bocado, su enfoque todavía sobre la comida, no en ella—. Pero tiene sentido. Siempre supe que él pertenecía con los Argonautas. Ahora sé por qué.
Maelea dejó caer la mano sobre su regazo. Sí, Orpheus pertenecía a ellos. De hecho, se había probado a sí mismo ser incluso más heroico que alguno de los otros.
—Todavía no puedo creer que no me diese cuenta que él era mi sobrino. Todo el tiempo que pasé con él, y ni siquiera lo sabía. Supongo que no soy tan perceptiva como mi padre.
Él finalmente alzó la mirada, sus ojos dibujando una pregunta.
—¿Orpheus es tu sobrino?
—¿No lo sabías?
—No. ¿Quiénes son tus padres?
—Zeus y Perséfone.
Él dejó lo que sobraba de su hamburguesa y se incline hacia atrás en la silla.
—Mierda santa.
La inquietud la atravesó.
—Pensé que lo sabías. Pensé que esa era parte de la razón por la que me estabas reteniendo junto a ti.
—No, yo… —se pasó una mano por la cabeza—. Jodida mierda santa.
Se le encogió el estómago cuando él se levantó y paseó por la habitación del motel. ¿Realmente no lo sabía? Entonces, ¿qué diablos estaba hacienda reteniéndola?
Piensa. Maldición, piensa.
Ahora que ella había abierto su bocaza y regurgitado quien era realmente, no necesitaba darle ninguna razón para que la mantuviese con él más tiempo de lo que había planeado originalmente. O deshacerse ella, de modo que nadie supiera lo que había hecho.
—No le importo a ninguno de los dos —respondió ella con rapidez—. Ni siquiera los veo. De hecho, estoy en el mundo humano por qué no se me permite estar en ninguno de sus reinos.
Él dejó de pasearse.
—Maelea —sus ojos se abrieron desmesuradamente, fulminándola—. ¿Eres Melinoe?
Ella apretó los dientes ante la mención de ese nombre. Oh, como odiaba ese maldito nombre con el que Hades la había bautizado, el único que significaba “pensamiento oscuro”. Se cruzó de brazos y lo fulminó.
—Dejé de utilizarlo hace mucho tiempo.
—Skata —él se pasó la mano por la cara—. Tú tienes, realmente… tres mil años.
—Tres mil ciento cuarenta y dos años, gracias por recordármelo. Y creo que me veo malditamente bien para esa edad. Intenta pensar en guerras y plagas, y veremos qué aspecto tienes.
Él se detuvo y la miró.
—¿Cómo diablos…? ¿Qué estás…? ¿Qué mierda estabas hacienda en la colonia de los mestizos?
Su temperamento se incendió, curvó los labios mientras miraba su comida a la mitad, deseando que no hubiese bajado por ese camino de revelaciones.
—No tuve otra elección. Orpheus vino buscándome porque necesitaba… ayuda… para encontrar el Orbe. En el proceso alertó a Hades de mi localización, lo cual, muchas gracias, había mantenido oculta de él muchos años. No es un secreto que Hades me odia y no le importaría verme fuera del planeta.
—Sí, pero…
—Orpheus fue el único que me llevó a la colonia de los mestizos. Se sentía culpable y pensó que aquí estaría a salvo. Pero no fue así. Nadie está a salvo, mientras yo esté alrededor.
Su boca se cerró de golpe. Maldito infierno, ¿acaba de decirle por que se había marchado? Que estúpida. No había manera de que le importara. Sólo estaba haciendo que las cosas empeoraran.
Céntrate, Maelea.
—Ese es el motive de que estuvieses huyendo la noche en que te encontré.
Ella no respondió. No quería hundirse más en un enorme agujero.
—Mierda santa —dijo él otra vez mientras cruzaba la habitación—. He secuestrado a la hija de Zeus y Perséfone. Si lo descubren…
—No lo harán —respondió ella rápidamente, saltando sobre la oportunidad—. No si me dejas ir esta noche.
Él se la quedó mirando. La electricidad crepitaba en el aire entre ellos. Su pulso latiendo frenéticamente mientras esperaba. Mientras él consideraba. Mientras ella mantenía la esperanza.
Por favor, sólo déjame ir.
—No puedo hacerlo —dijo finalmente en voz baja.
—¿No puedes o no quieres?
—No puedo. Al menos no todavía. Aún te necesito.


Traducido para Letras de Romance

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